SE ENCIENDEN LAS LUCES DEL ÁRBOL DEL FIDE
 

Las luces del árbol de navidad que fue instalado en la recepción del Fideicomiso para el Ahorro de Energía Eléctrica (FIDE) fueron encendidas por su directora general, Lic. Yolanda Valladares Valle, entre la algarabía del personal que esperaba ese momento como la culminación al esfuerzo y cariño puesto en la colocación de cada uno de los adornos.

Las series con leds, las guías cubriendo las paredes, los moños elaborados con campanitas, esferas y flores de noche buena, vistieron el edificio del FIDE logrando que luciera radiante; pero también la disposición, la alegría y el entusiasmo de su gente envolvieron cada rincón del inmueble.

La directora conversó con los colaboradores del Fideicomiso que de diferentes pisos bajaron para estar presentes en este sencillo pero significativo acto donde convergieron la buena voluntad, los deseos de un futuro próspero, donde reine la armonía, pero sobre todo el amor y el respeto.

Fueron breves momentos los que ahí se vivieron, cuyo objetivo sólo era, como una familia, como lo que es el FIDE, estar en el momento en que la luz del árbol se iluminara, como un recordatorio de que al decorar el edificio, estamos poniendo parte de nosotros mismos en nuestra casa, donde tantas horas se viven, donde se respira el mismo aire, donde se superan tropiezos, donde se está para crecer hombro a hombro con la empresa.

 
 
Un año nuevo
 

Dicen que cuando se acerca fin de año los ángeles curiosos se sientan al borde de las nubes a escuchar los pedidos que llegan desde la tierra.

- ¿Qué hay de nuevo? -pregunta un ángel pelirrojo, recién llegado.
Lo de siempre: amor, paz, salud, felicidad...- contesta el ángel más viejo.

Y bueno, todas esas son cosas muy importantes.

Lo que pasa es que hace siglos que estoy escuchando los mismos pedidos y aunque el tiempo pasa los hombres no parecen comprender que esas cosas nunca van a llegar desde el cielo, como un regalo.

¿Y qué podríamos hacer para ayudarlos? - dice el más joven y entusiasta de los ángeles.
¿Te animarías a bajar con un mensaje y susurrarlo al oído de los que quieran escucharlo? - pregunta el anciano.

Tras una larga conversación se pusieron de acuerdo y el ángel pelirrojo se deslizó a la tierra convertido en susurro y trabajó duramente mañana, tarde y noche, hasta 1os últimos minutos del último día del año.

Ya casi se escuchaban las doce campanadas y el ángel viejo esperaba ansioso la llegada de una plegaria renovada. Entonces, luminosa y clara, pudo oír la palabra de un hombre que decía:

"Un nuevo año comienza. Entonces, en este mismo instante, empecemos a recrear un mundo distinto, un mundo mejor: sin violencia, sin armas, sin fronteras, con amor, con dignidad; con menos policías y más maestros, con menos cárceles y más escuelas, con menos ricos y menos pobres.

Unamos nuestras manos y formemos una cadena humana de niños, jóvenes y viejos, hasta sentir que un calor va pasando de un cuerpo a otro, el calor del amor, el calor que tanta falta nos hace.

Si queremos, podemos conseguirlo, y si no lo hacemos estamos perdidos, porque nadie más que nosotros podrá construir nuestra propia felicidad".

Desde el borde de una nube, allá en el cielo, dos ángeles cómplices sonreían satisfechos.

Del libro: "Cuentos para Niños de 8 a 108 II" - Pancho Aquino.

 
 
   
 
 
 
   
 
















   
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